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El ballet y la ópera intentan transformarse para llegar a nuevas audiencias

Atrás quedó la época en la que los grandes espectáculos de ballet y ópera paralizaban las ciudades. Bailarines y cantantes ya no son recibidos por multitudes en los aeropuertos o a las afueras de hoteles antes de una función. Tampoco son mundialmente conocidos o tan bien remunerados como un actor de Hollywood. El consumo cultural, así como sus figuras, ha cambiado.

Aunque los grandes teatros y casas de ópera ya no reciben el mismo número de espectadores que en el pasado, esto no significa que el ballet y la ópera sean artes muertas o a punto de desaparecer, como afirmó el actor Timothée Chalamet en febrero durante una conversación sobre el futuro del cine.

El actor de 30 años —que en ese momento estaba en medio de la carrera por el Oscar a Mejor Actor por su trabajo en Marty Supreme, premio que finalmente se llevó Michael B. Jordan— no se puso al mundo de las artes en contra por expresar su opinión sobre el ballet y la ópera, sino por menospreciar el valor y la importancia de este tipo de expresiones artísticas frente al cine, que por décadas se ha inspirado en estas disciplinas.

No quiero trabajar en el ballet o la ópera, o en cosas donde tengas que estar diciendo: ‘Oye, mantengamos esto vivo, aunque ya no le importe a nadie’. Con todo respeto a la gente del ballet y la ópera”, dijo Chalamet mientras discutía sobre la importancia del cine frente al streaming.

Como era de esperarse, los grandes teatros del mundo no dudaron en responder a los comentarios del joven actor para demostrarle que su vigencia y popularidad están intactas. De hecho, algunos le extendieron invitaciones para que viera con sus propios ojos que sus funciones se llenan. Colegas del actor, como Jamie Lee Curtis y Alec Baldwin, también salieron en defensa de las artes escénicas.

Causó polémica porque estuvo tratando sobre dos manifestaciones escénicas muy tradicionales y con muchísima historia y con muchísima aportación al mundo occidental, como son en la ópera y el ballet”, afirma Carlos Paolillo, gestor cultural, crítico e investigador de danza y coordinador del Ballet del Teatro Teresa Carreño, quien destaca el aporte que han hecho tanto la ópera como el ballet a la cultura occidental.

Paolillo señala que, a lo largo de la historia, estas manifestaciones artísticas han vivido momentos de gloria y algunas crisis, pero siempre han podido sobreponerse. “La famosa vanguardia de principios del siglo XX en Europa tuvo una gran importancia en el mundo del ballet, que logró adaptarse a las nuevas tendencias artísticas que estaban surgiendo en la música, la pintura, la literatura y en las artes plásticas. Surgió ese nuevo ballet del siglo XX que se llamó en un principio ballet de la modernidad: los famosos ballet rusos de Diaghilev”.

Aunque Jaime Bello León -director general de Comunicación, Mercadeo y Promoción en la Universidad Católica Andrés Bello y amplio conocedor de la ópera- considera que los comentarios de Chalemet fueron muy despectivos, admite que tanto la ópera y el ballet han sido desplazados y perdido valor en las esferas mediáticas. “Si uno observa, por ejemplo, en la televisión de los Estados Unidos en los años cincuenta, sesenta y setenta, había una presencia de estas artes muy notoria, además realizada con mucha calidad. Con el pasar de las décadas, estamos hablando de los ochenta y los noventa, esas programaciones empezaron a disminuir y perder presencia, popularidad y preferencia por parte de las grandes audiencias. Sin embargo, eso no quiere decir que no tengan derecho a existir, que no deban ser cuidadas, que no deban ser preservadas y que no deban ser difundidas. Lo cierto es que ha habido un cambio en el gusto del público”.

Una muestra de que estas manifestaciones artísticas han sido desplazadas de los medios, asegura Bello León, es que las celebridades de hoy en día ya no son actores de teatro, grandes cantantes de ópera o bailarines de ballet. “Hay una relación distinta en nuestros tiempos con las artes. No juzgo si es bueno o malo, simplemente las describo. Hay un consumo diferente de esas artes”.

“En Venezuela hay actualmente una historia de ópera muy importante, somos muchos los cantantes venezolanos que estamos afuera haciendo carrera como solista o como parte de coros de casas de ópera. Muchísimos. Pero en el país también hay muchas iniciativas, mucho interés en hacer ópera. Está la compañía de ópera del Teatro Teresa Carreño que hacen varias producciones al año, la compañía de ópera Maestro Primo Casales, en La Victoria. El Sistema también tiene varias cátedras de canto en Caracas y en el interior. Carabobo cuenta con el Taller Vocal Valencia y en Mérida está activo el ensamble vocal Bach-Stimmen. También existe la cátedra de canto de la Universidad de los Andes. En Caracas podemos encontrar la cátedra de canto de la Schola Cantorum de Venezuela y la Camerata de Caracas. La Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho también suele hacer algunos títulos de zarzuela y operetas”, detalla Viloria, quien actualmente forma parte de la Ópera Real de Valonia, en Bélgica.

En el caso del ballet, las opciones son más limitadas porque en el país solo hay una compañía profesional, la del Teatro Teresa Carreño, en Caracas. “Las entradas del Teresa Carreño no son tan costosas, hay muy accesibles en $5 o $10, pero imagínate si no vives en Caracas ¿cómo haces? Cuando voy a ver un ballet tengo que ir en mi propio carro. ¿Cómo hago para devolverme en la noche, en autobús, a Valencia?”, dice Lourdes De Freitas, bailarina de ballet y creadora de contenido, quien señala que las academias locales también suelen organizar presentaciones abiertas al público, como la Escuela Superior de Danza Cristina Gutiérrez, donde da clases.

Fuente: El Nacional