#24feb./ Pocas cosas vienen sobre su espalda. Atrás dejó la mina y el oro, su principal motivo por el que estaba allá. Él es uno de los sobrevivientes que dejó lo ocurrido en la mina Bulla Loca, en La Paragua, el pasado 20 de febrero. El recuerdo está nítido en su mente. “Yo estaba trabajando cuando sentí la tierra. Quedé pegado en una de las paredes, por así decirlo”.
“Cerca de mí quedaron compañeros, que pedían que los sacaran, pero era difícil, ya que botaba sangre por la nariz y la boca. A mí me lograron sacar mis compañeros, poco a poco moviéndome entre la tierra”, señaló el minero que prefirió resguardar su nombre por medidas de seguridad.
Después de lo sucedido, estuvo ayudando a sacar cuerpos, hasta este jueves 22 de febrero, que salió de la mina. El trayecto de regreso a La Paragua no es fácil para los que hacen vida en Bulla Loca. Primero, deben tomar en el puerto una curiara a motor y les cobran 2 gramas (104,89 dólares por persona). Luego llegan al puerto de Uraima y caminan por una trocha hasta llegar a otro punto de lancheros, donde pagan nuevamente 2 gramos de oro para llegar a La Paragua, que está a unas 3 horas.
Mientras tanto, Bulla Loca era una mina que tenía menos de 2 años operativa. Los familiares de los trabajadores explicaron que durante meses, muchos de los que ahí laboran estuvieron esperando el permiso de trabajo, el cual es autorizado por el Capitán General Indígena (pemón) Andrés Solís, quien según lo denunciado por los familiares, cobró un gramo de oro por cada permiso otorgado.
Destacan que todos los accesos a las minas son autorizados por Solís, a quien durante nuestra estadía en la población no se le vio. “Ese se fue para Puerto Ordaz, huyendo”, se rumoraba a las afueras del hospital de La Paragua.
Vía: la patilla
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